viernes, 1 de septiembre de 2017

CAEB Buenaventura

Q

Que importante generar un debate sobre este proyecto.

1. Como está representado y cómo participa la administración distrital, señora gobernadora Buenaventura no es muncipio, es Distrito Especial.

2    Cuál es la participación de la gobernadora.

Bueno, lo importante es abrir un debate académico y empresarial, con visión de territorio y con sentido incluyente e integral del desarrollo.

1. Como se concibe el desarrollo del territorio, cuál es el concepto de integración, se habla mucho de lo social, como está concebido en este proyecto.

viernes, 16 de junio de 2017





Por: Jorge Iván Cuervo R.

Hirschman, el Estado y el posconflicto

La universidad de los Andes acaba de publicar una excelente biografía del economista Albert O. Hirschman titulada El idealista pragmático, a manos del profesor de la Universidad de Princeton, Jeremy Adelman, y bien vale recordar el legado del economista alemán para volver a pensar el desarrollo y los desafíos del Estado en el posconflicto.
Una de las ideas de Hirschman es que el desarrollo no se lleva; se produce o se estimula potenciando las capacidades de las regiones. Una de las graves fallas del modelo de descentralización del Estado colombiano es creer que el desarrollo se puede llevar desde el centro a las regiones con una mezcla de instrumentos de política, incentivos económicos y autonomía en lo político. La idea de la Constitución de 1991 de soportar la descentralización en los municipios, trasladando competencias sin los recursos que lo soporten, a punta de transferencias del sector central, ha fracasado, y eso lo vio venir Hirschman cunado asesoró a Colombia en la década de los 50 sobre la planeación del desarrollo.
En los 990 municipios de sexta categoría, 31 de quinta y 19 de cuarta simplemente no es posible el desarrollo, y eso constituye más del 90 % de los municipios del país. Si ese es el modelo que soporta el llamado posconflicto las probabilidades de fracasar son muy altas. Se logrará la paz como sinónimo de silencio de los fusiles de las Farc, pero no se cerrará la brecha de desarrollo entre el centro y la periferia que se ha venido acentuando de manera progresiva en los últimos años, y persistirán las condiciones para otros factores generadores de nuevas violencias.
En los paros de Buenaventura, Chocó y Tumaco se vio la cara amarga de este modelo: un Estado central negociando cuántos recursos transfieren en los próximos años — generalmente para beneficio de una clase política local— y comunidades marginadas pidiendo lo esencial y transigiendo por promesas de más recursos de transferencia, es decir, más de lo mismo.
En el modelo de Paz Regional que soporta el modelo de desarrollo del posconflicto hay mucha retórica participativa pero no se advierte que se vaya a discutir el modelo de descentralización y la relación entre el sector central y las regiones, empezando por fortalecer figuras intermedias, como los departamentos y atreverse a crear las regiones, de suerte que volveremos a lo mismo: poderosos funcionarios del sector central con jugosas chequeras desde Bogotá, distribuyendo recursos —entregando plata— con base en la presión de los políticos locales y muy poca participación de las comunidades y de las autoridades locales en la destinación final de esos recursos, pero lo más grave, sin que cambien las dinámicas económicas —porque eso no se hace por decreto— para hacer de esos municipios y de los territorios donde el Estado ha sido débil o cooptado por intereses ilegales un escenario de desarrollo.
Decía Yezid Arteta en una reciente columna en Semana que “en sentido estricto, Colombia no es un Estado. Es un gobierno central con extensos espacios territoriales ocupados por poderes de facto que imponen las reglas que mejor se ajustan a sus negocios”. Comparto en parte esa afirmación, si bien no en todos los casos son los poderes de facto quienes ejercen el poder, pues hay evidencia de que, en medio de muchas limitaciones, el Estado local hace lo que puede.
El verdadero desafío del posconflicto es hacer que el Estado haga presencia legítima en todo el territorio nacional, que lleguen los servicios básicos esenciales a regiones donde, como hemos visto en el Chocó, viven por debajo de estándares razonables de bienestar y dignidad, y no es desde Bogotá como esa lógica se va a revertir.
El posconflicto no cabe en un Conpes, diría Hirschman.
Fuente: EL ESPECTADOR. Junio 16 de 2017